sábado, 5 de setembro de 2009

¿Súper Hacker o Chivo Expiatorio?

ENTREVISTA EXCLUSIVA A IVÁN VELÁZQUEZ, DETENIDO EN URUGUAY
Desde hace unos meses, un supuesto hacker llamado Iván Germán Velázquez se encuentra detenido en una celda uruguaya, luego de haber sido señalado en la Argentina como mandamás de una suerte de grupo de tareas dedicado a la intervención de correos electrónicos de funcionarios y personajes de la farándula (1). Ese expediente, no casualmente, fue iniciado por la Secretaría de Inteligencia (ex SIDE) y poco después el nombre de Velázquez apareció relacionado a innumerables -y maratónicos- casos de espionaje en Perú, Chile, Ecuador y Venezuela.
Hace unos dias, Tribuna de Periodistas pudo entrevistar a Velázquez, en el marco de un nuevo señalamiento por parte del semanario chileno Qué pasa? (2). Allí, el 29 de agosto pasado, en un artículo bajo la firma de la periodista Lorena Rubio, se lo vincula con el Contralmirante (R) Elías Ponce Feijoó y el Capitán de Fragata (R) Carlos Tomasio de Lambarri; ambos ex integrantes de la armada del Perú y titulares de la empresa peruana de seguridad electrónica Business Track (BTR) actualmente detenidos en el penal de Castro Castro en las afueras de Lima.
Velázquez sería, según el semanario chileno, parte de una red de espionaje continental que involucraría supuestas tareas de inteligencia política, militar y estratégica -en un esfuerzo conjunto-, y que habría tenido como sus objetivos a casi todos los países de latinoamérica. La titánica tarea haría sonrojar de vergüenza, por su proporción, hasta a la tan controvertida CIA, la propia NSA norteamericana o tal vez alimentar aún más el guión de uno de los tantos best sellers de Tom Clancy.
A continuación, la entrevista:
- Nuevamente aparecés en la escena internacional, vinculado a un escándalo de espionaje, en este caso a uno que tendría que ver con Chile y oficiales retirados de la Armada del Perú...
- La verdad que no termino de sorprenderme nunca; luego de que me permitieras leer el artículo publicado por la Sra. Rubio, no puedo más que sentir una mezcla de risa e indignación. Hay tantos puntos falsos, inventados y erróneos, por no decir la totalidad de lo que se refiere a mi persona, que si esa nota no tuviese autoría y estuviese firmada por alguien que dice ser periodista -lo que supone que por su profesión debería basarse en pruebas, hechos concretos y por sobre todo chequear la veracidad de sus supuestas "fuentes" o "confidentes"- pensaría que se trata de una broma o un ensayo literario fantástico de un alumno de escuela primaria.
En primer lugar, vayamos a lo concreto, yo no soy ningún hacker tal como se ha venido sosteniendo en el sentido etimológico de la palabra. El hecho de que yo haya estado en lugares gubernamentales con estructuras a cargo de sectores o áreas en las que tanto yo como subalternos míos hayan utilizado tecnología informática para el combate tanto de actividades delictivas como así también del terrorismo, no hace que yo pueda tomar una computadora e ingresar donde me de la gana.
Estudié Ciencias Políticas e Informática, pero en lo que me especialicé fue en Inteligencia; y la consolidación en mi carrera profesional ha sido el análisis, la propaganda y la lucha antiterrorista en la cual me he especializado en diferentes lugares y gracias a la cual he recibido distinciones de varias naciones. Me parece que ciertos sectores han tratado de subjetivizar este hecho para vaciar de argumento las denuncias que en su oportunidad realicé y que sólo la diputada (Norma) Morandini tuvo el valor de pedir informes al respecto; pero como todos sabemos quedó en la nada y hoy tenemos una jueza títere como (Sandra) Arroyo Salgado y medios pagos por los servicios que hablan de una "banda de hackers" y no dicen la "Secretaría de Inteligencia" que es desde donde se realizaron y realizan todas las interceptaciones tanto de correos electrónicos, como de telefonía celular y que hoy por hoy me acusan de ser uno de los responsables.
Incluso hace un par de semanas se me adjudicó las interceptación a las comunicaciones entre Alberto Fernández y Julio Cobos cuando me encuentro detenido y en espera de juicio extraditorio hace 8 meses, pero ¿dónde va a ser sino en el juzgado de Arroyo Salgado donde el señor ex jefe de Gabinete fue a arrepentirse de su "manifiesto error" de culpar a la S.I. de ello y lo desvió repentinamente hacia "la banda de ex agentes"? (3)
Pareciera que últimamente soy el chivo expiatorio preferido de más de uno.
- Disculpá que insista, pero ¿nunca estuviste en Perú o mantuviste contacto con alguna persona de alguna fuerza de ese país?
- Bajo ningún concepto. Según esa nota, a fines de los años 90 yo mantuve contacto con oficiales de la armada peruana. Es una locura y una falta total de respeto y subestimación a los lectores; ese argumento sólo sería cierto si algunos de esos marinos hubiera sido compañero mío de estudios en la escuela secundaria, ya que a fines de los 90 yo contaba con 17 o 18 años, sin mencionar el hecho de que en mi vida pisé Perú ... sinceramente es bastante indignante.
Fijáte hasta qué punto llega la falta de profesionalismo de esta periodista que ni siquiera se tomó el trabajo de restar fechas o de poner en cualquier buscador mi nombre para escribir correctamente mi apellido ya que colocó Guzmán en vez Durán. Y el "amigo" al que se refiere cuando dice que "huí" de la Argentina, no es otro que mi subalterno con quien también tuvimos que optar junto con nuestras familias hace ya un año y medio por el exilio forzado ante los intentos de asesinato y constantes amenazas de muerte, persecución política que culminó con el armado de una causa judicial contra varias personas por parte de la jueza-SIDE: Sandra Arroyo Salgado de Nisman, cuando los verdaderos culpables, como los agentes SIDE, Antonio Horacio Stiuso, Fernando Gonzalo Pocino, María Fernanda Madeo, Gustavo Queirolo, el Sub-Oficial Mayor y Personal Civil de Inteligencia Joaquín Conrado Pereyra alias "Julián Santiago" y el TCNL Pablo Guillermo Quiroga entre otros, ni siquiera existen para la jueza o la propia Secretaría de Inteligencia.
Además, esa periodista ni siquiera fue capaz de leer o chequear algún diario local, ya que la acusación en Uruguay versa sobre un supuesto cohecho simple y no sobre "tráfico de pasaportes ilegales", como dice en su nota. Creo que hoy por hoy el periodismo a excepción de contadas personas que hacen de éste un trabajo serio, en general se ha vuelto mercenario a todo "servicio" y puedo hablar de ello con propiedad, ya que tengo hasta los recibos firmados con puño y letra de algunos "periodistas" en concepto de "retribución por servicios informativos brindados". Creo que esta periodista está en busca de algún tipo de rédito profesional, si es que no tiene fines de fomentar miedo en la sociedad, incrementar el nacionalismo con vistas a futuras acciones non sanctas o tal vez la de distraer a la población local de sus conflictos domésticos.
- Muchas gracias, Iván.
- Gracias a vos.
Christian Sanz
(1) Ver Periodico Tribuna.com.ar/Articulo=4933
(2) Ver Que Pasa.cl/articulo/19_668_9.html
(3) Ver Periodico Tribuna.com.ar/Articulo=5601

Buenos Aires - Argentina

info@PeriodicoTribuna.com.ar


sexta-feira, 4 de setembro de 2009

Dois Códigos Morais

por Olavo de Carvalho
A entrevista do Cabo Anselmo ao programa “Canal Livre” (TV Bandeirantes, 26 de agosto,) é um dos documentos mais importantes sobre a história das últimas décadas e mereceria uma análise detalhada, que não cabe nas dimensões de um artigo de jornal. Limito-me, portanto, a chamar a atenção do leitor para um detalhe: o confronto do entrevistado com os jornalistas foi, por si, um acontecimento revelador, talvez até mais que o depoimento propriamente dito.
Logo de início, o apresentador Boris Casoy perguntou se Anselmo se considerava um traidor. Ele aludia, é claro, ao fato de que o personagem abandonara um grupo terrorista para transformar-se em informante da polícia. Para grande surpresa do jornalista, o entrevistado respondeu que sim, que era um traidor, que traíra seu juramento às Forças Armadas para aderir a uma organização revolucionária. A distância entre duas mentalidades não poderia revelar-se mais clara e mais intransponível. Para a classe jornalística brasileira em peso, o compromisso de um soldado para com as Forças Armadas não significa nada; não há desdouro em rompê-lo. Já uma organização comunista, esta sim é uma autoridade moral que, uma vez aceita, sela um compromisso sagrado. Nenhum jornalista brasileiro chama de traidor o capitão Lamarca, que desertou do Exército levando armas roubadas, para matar seus ex-companheiros de farda. Traidor é Anselmo, que se voltou contra a guerrilha após tê-la servido. Anselmo desmontou num instante a armadilha semântica, mostrando que existe outra escala de valores além daquela que o jornalismo brasileiro, com ares da maior inocência, vende como única, universal e obrigatória.
O contraste mostrou-se ainda mais flagrante quando o jornalista Fernando Mitre, com mal disfarçada indignação, perguntou se Anselmo não poderia simplesmente ter abandonado a esquerda armada e ido para casa, em vez de passar a combatê-la. Em si, a pergunta era supremamente idiota: ninguém — muito menos um jornalista experiente — pode ser ingênuo o bastante para imaginar que uma organização revolucionária clandestina em guerra é um clube de onde se sai quando se quer, sem sofrer represália ou sem entregar-se ao outro lado. Conhecendo perfeitamente a resposta, Mitre só levantou a questão para passar aos telespectadores a mensagem implícita do seu código moral, o mesmo da quase totalidade dos seus colegas: você pode ter as opiniões que quiser, mas não tem o direito de fazer nada contra os comunistas, mesmo quando eles estão armados e dispostos a tudo. Ser anticomunista é um defeito pessoal que pode ser tolerado na vida privada: na vida pública, sobretudo se passa das opiniões aos atos, é um crime. Não que todos os nossos profissionais de imprensa sejam comunistas: mas raramente se encontra um deles que não odeie o anticomunismo como se ele próprio fosse comunista. Essa afinidade negativa faz com que, no jornalismo brasileiro, a única forma de tolerância admitida seja aquela que Herbert Marcuse denominava “tolerância libertadora”, isto é: toda a tolerância para com a esquerda, nenhuma para com a direita.
Mais adiante, ressurgiu na entrevista o episódio do tribunal revolucionário que condenara Anselmo à morte. Avisado por um policial que se tornara seu amigo, Anselmo fugira em tempo, enquanto os executores da sentença, ao chegar à sua casa para matá-lo, eram surpreendidos pela polícia e mortos em tiroteio. De um lado, os entrevistadores, ao abordar o assunto, tomavam como premissa indiscutível a crença de que Anselmo fora responsável por essas mortes, o que é materialmente absurdo, já que troca o receptor pelo emissor da informação. De outro lado, todos se mostraram indignados — contra Anselmo — de que no confronto com a polícia morresse, entre outros membros do tribunal revolucionário, a namorada do próprio Anselmo. Em contraste, nenhum deu o menor sinal de enxergar algo de mau em que a moça tramasse com seus companheiros a morte do namorado. Entendem como funciona a “tolerância libertadora”?
A quase inocência com que premissas esquerdistas não-declaradas modelam a interpretação dos fatos na nossa mídia mostra que, independentemente das crenças conscientes de cada qual, praticamente todos ali são escravos mentais da auto-idolatria comunista.
Ao longo de toda a conversa, os jornalistas se mantiveram inflexivelmente fiéis à lenda de que os guerrilheiros dos anos 70 eram jovens idealistas em luta contra uma ditadura militar, como se não estivessem entrevistando, precisamente, a testemunha direta de que a guerrilha fora, na verdade, parte de um gigantesco e bilionário esquema de revolução comunista continental e mundial, orientado e subsidiado pelas ditaduras mais sangrentas e genocidas de todos os tempos. Anselmo colaborou com a polícia sob ameaça de morte, é certo, mas persuadido a isso, também, pela sua própria consciência moral: tendo visto a verdade de perto, perdeu todas as ilusões sobre o idealismo e a bondade das organizações revolucionárias — aquelas mesmas ilusões que seus entrevistadores insistiam em repassar ao público como verdades inquestionáveis — e optou pelo mal menor: quem, em sã consciência, pode negar que a ditadura militar brasileira, com todo o seu cortejo de violências e arbitrariedades, foi infinitamente preferível ao governo de tipo cubano ou soviético que os Lamarcas e Marighelas tentavam implantar no Brasil? Ao longo de seus vinte anos de governo militar, o Brasil teve dois mil prisioneiros políticos, o último deles libertado em 1988, enquanto Cuba, com uma população muito menor, teve cem mil, muitos deles na cadeia até hoje, sem acusação formal nem julgamento. A ditadura brasileira matou trezentos terroristas, a cubana matou dezenas de milhares de civis desarmados. Evitar comparações, isolar a violência militar brasileira do contexto internacional para assim realçar artificialmente a impressão de horror que ela causa e poder apresentar colaboradores do genocídio comunista como inofensivos heróis da democracia, tal é a regra máxima, a cláusula pétrea do jornalismo brasileiro ao falar das décadas de 60-70. Boris Casoy, Fernando Mitre e Antonio Teles seguiram a norma à risca. Desta vez, porém, o artificialismo da operação se desfez em pó ao chocar-se contra a resistência inabalável de uma testemunha sincera.
Conhecendo as muitas complexidades e nuances da sua escolha, Anselmo revelou, no programa, a consciência moral madura de um homem que, escorraçado da sociedade, preferiu dedicar-se à meditação séria do seu passado e da História em vez de comprazer-se na auto-vitimização teatral, interesseira e calhorda, que hoje rende bilhões aos ex-terroristas enquanto suas vítimas não recebem nem um pedido de desculpas.
Moral e intelectualmente, ele se mostrou muito superior a seus entrevistadores, cuja visão da história das últimas décadas se resume ao conjunto de estereótipos pueris infindavelmente repetidos pela mídia e consumidos por ela própria. O fato de que até Boris Casoy, não sendo de maneira alguma um homem de esquerda, pareça ter-se deixado persuadir por esses estereótipos, ilustra até que ponto a pressão moral do meio tornou impossível a liberdade de pensamento no ambiente jornalístico brasileiro.

Uma Anistia Impecável

por Aristóteles Drummond
O Brasil comemora os 30 anos da anistia política, ampla, irrestrita e recíproca, fruto de compromisso democrático e da generosidade do presidente João Figueiredo.
O último presidente do regime militar encerrou o ciclo revolucionário, entregando o país em ordem e progresso, sufocados os movimentos armados que promoviam assaltos a bancos, sequestros de diplomatas, assassinato de empresários e militares estrangeiros. Com a anistia, a maior parte desses jovens pôde se reincorporar à vida nacional. E vários ocupam cargos no Legislativo e no Executivo, certamente convertidos aos ideais democráticos.
O grande embuste que cerca a questão da luta contra o regime surgido do movimento cívico-militar de 64 se refere justamente à diferença entre os liberais que defendiam o Estado de Direito, as franquias democráticas, no Congresso Nacional, e os que optaram por pegar em armas. E não o fizeram para restabelecer a plenitude democrática, mas sim, para impor ao País um regime de esquerda totalitário e moldado no modelo cubano.
Alguns políticos, como o atual secretário de Estado em São Paulo e ministro de mais de uma pasta no governo Fernando Henrique, deputado federal Aloísio Nunes Ferreira, nunca foram pela simples volta da democracia.
Ele participou de atos de violência, viveu em Paris e em Cuba, sendo públicas suas boas relações com Fidel Castro. Hoje, está reintegrado à vida política, certamente amadurecido, atendido pela anistia que, generosamente, incluiu os denominados "crimes de sangue". Já Franco Montoro, Tancredo Neves, Miro Teixeira, José Aparecido de Oliveira e Paulo Brossard, entre outros, lutaram pela abertura e a redemocratização que o general Figueiredo prometeu e cumpriu.
O correto professor Daniel Aarão Reis, da Universidade Federal Fluminense, foi ativista radical e declarou, em entrevista publicada em 2001, que as organizações de esquerda queriam mesmo implantar uma ditadura revolucionária.
O veterano e respeitado deputado Miro Teixeira, que votou a anistia, declarou que "no ambiente político da época, ficou claro que todos estavam anistiados. Era isso ou nada".
No que toca ao Araguaia, os 70 jovens eram do PCdoB, na ocasião o mais radical partido comunista do País. Estavam armados e sabiam dos riscos a que estavam expostos.
Nada a reclamar quanto às suas mortes, apenas a lamentar o sofrimento das famílias. Ali, os militares cumpriram, com heroísmo e perdas, o dever de defesa do Brasil. Não fossem eles, teríamos um enclave terrorista semelhante ao que infelicita a Colômbia há décadas, com alto custo de vidas e despesas militares. Se eram de um partido comunista, não podiam ser democratas.
Fizemos uma anistia de alto nível e não devemos deixar prosperar a onda de ódios e ressentimentos que, na verdade, deseja enfraquecer o alto conceito que nossos militares gozam junto à população brasileira. Querem afastar os militares, colocá-los na defensiva, alvo de toda sorte de mentiras, pois há um grupo que quer fazer agora o que não conseguiu antes, sem dar nem receber um tiro.
Sonham com um novo regime – não mais cubano, que está esclerosado e é indefensável. Mas a novidade caricata, criada pelo coronel Hugo Chávez, na Venezuela, os encanta. Os militares daquela época estão na reserva ou morreram. Não podemos permitir que seus seus nomes sejam citados de maneira negativa, pois foram impecáveis no cumprimento do dever.
E suas famílias nunca tentaram buscar, em suas pensões, modestas por sinal, qualquer "adicional" por terem estado na mira dos terroristas, como os que morreram neste combate.
Aristóteles Drummond é jornalista e
vice-presidente da Associação Comercial do Rio de Janeiro

quinta-feira, 3 de setembro de 2009

Visão Desfocada

por Luiz Eduardo Rocha Paiva 
O acordo para a utilização de bases na Colômbia pelos EUA ganhou espaço nas últimas semanas, pela repercussão nas relações internacionais no continente. Em termos de ameaça ao Brasil, o governo incomodou-se com a visão apenas da ponta do iceberg. Um acordo que estabelece o limite de 800 militares e 600 civis para a presença norte-americana em sete bases colombianas, distantes da fronteira com o Brasil, seria uma real ameaça? Ou apenas parte dela? Existem campos de pouso em outros vizinhos, inclusive no Paraguai, onde os EUA têm condições de montar bases de operações em poucos dias. 
Por que o governo não vê ameaça na existência de dezenas de imensas terras indígenas na faixa de fronteiras, criadas pelo Brasil sob pressão internacional e onde o índio é liderado por ONGs estrangeiras financiadas por potências alienígenas, inclusive os EUA? Organismos internacionais, ONGs e líderes mundiais não veem o índio como cidadão brasileiro e defendem a autonomia de suas terras com base na Declaração dos Direitos dos Povos Indígenas, aprovada pela ONU com voto favorável do Brasil. 
A pressão internacional no âmbito político, econômico e psicossocial é que concretiza a verdadeira ameaça que, aos poucos, vai nos impondo a soberania limitada na Amazônia. A Nação e suas lideranças assistem passivamente a esse processo, demonstrando não estar à altura das gerações que nos legaram, com inteligência e sacrifício, o país-continente que herdamos. A soberania limitada será exercida pela imposição de diretrizes e pelo uso privilegiado dos recursos da Amazônia, deixando-nos o ônus da administração sob fiscalização estrangeira. Não implica a conquista militar de toda a região, basta controlar uma área de capital importância, em qualquer parte do Brasil, e usá-la como moeda de troca caso o País desperte e passe a resistir àquela pressão. 
Segurança nacional não é calcada apenas no poder militar, como ficou provado na desintegração da URSS. Se o Brasil insistir em suas equivocadas políticas e estratégias de ocupação, desenvolvimento, preservação e integração da Amazônia, não adiantará dispor de Forças Armadas potentes, pois as condições objetivas para a imposição da soberania limitada estarão concretizadas em alguns anos. Quem analisar a perda do Acre pela Bolívia e a comparar com a evolução da questão indígena no Brasil, desde o início dos anos 90, perceberá a analogia entre os dois históricos. A China, ao contrário da Bolívia no Acre e do Brasil nas terras indígenas, neutralizou o separatismo da etnia uigur, na província Xinjiang, mediante sua ocupação com a etnia han (chinesa), hoje predominante na região. 
Quanto às bases, do ponto de vista militar, as direções estratégicas que partem da Colômbia não são tão favoráveis quanto as oriundas do Atlântico que incidem na Amazônia brasileira através da região guianense. Em termos geográficos, as últimas evitam os Andes, são apoiadas por mar, não dependem tanto do apoio aéreo e estão diretamente orientadas para regiões de capital importância, como a foz do Rio Amazonas, Belém, Boa Vista e Manaus. Em termos políticos, há vínculos atuais e históricos das Guianas com as antigas metrópoles europeias, não ibéricas, interessadas nos recursos da Amazônia, grandes financiadoras de ONGs e aliadas dos EUA na OTAN. 
A reação brasileira no episódio das bases, ainda que impedisse a concretização do acordo entre a Colômbia e os EUA, pouco contribuiria para a segurança da Amazônia. Nas relações internacionais, o poder do mais forte é empregado sempre que estão em jogo interesses importantes ou vitais. Se a opção militar for necessária para resolver o conflito, uma potência empregará suas Forças Armadas desde que o oponente e seus possíveis aliados não tenham capacidade de dissuasão. Assim foi com os EUA nos Bálcãs e está sendo no Oriente Médio e na Ásia Central. 
A visão dos governos brasileiros tem sido desfocada do essencial em termos de segurança nacional, levando-os a graves erros estratégicos por não perceberem que diplomacia e defesa têm por obrigação antever e se preparar para enfrentar uma ameaça quando ela ainda está no horizonte do "possível", pois se esperarem que se torne "provável" será tarde demais para neutralizá-la; e que política externa é diplomacia e defesa. Por isso, o setor militar deve ocupar um espaço no núcleo decisório do Estado, no mesmo nível da diplomacia, como foi no passado. O Barão do Rio Branco, um dos maiores diplomatas e estadistas brasileiros, disse: "Não se pode ser pacífico sem ser forte." 
O desequilíbrio entre os campos do poder nacional, com perigosa indigência militar e científico-tecnológica, e, no campo psicossocial, a lamentável decadência moral da Nação tornam o País vulnerável, ainda que se projete como potência econômica. Os recursos nacionais, num mundo ávido por energia, ganham importância para os EUA por estarem em sua área de influência, na medida em que sua obtenção fica mais dispendiosa e incerta em outras regiões do globo. 
Por tudo isso, manifestar preocupação com a soberania na Amazônia por causa das bases colombianas é supervalorizar o periférico em detrimento do fundamental. Revela a falta de percepção do que é nossa real ameaça e passa uma imagem de ator terceiro-mundista a reboque do líder bolivariano e de seus aliados — Equador e Bolívia —, três grandes óbices à integração regional. O governo não se manifestou quando o presidente Hugo Chávez propôs à Rússia instalar bases na Venezuela, em sua recente visita àquela potência, como noticiou a imprensa nacional. A política externa brasileira caracteriza-se pelos "dois pesos e duas medidas" e pelo alinhamento a projetos socialistas radicais do Foro de São Paulo para a América Latina. 
Ao Brasil faltaram foco e independência ideológica no episódio das bases. E faltam civismo, educação e estadistas para liderar o bloco regional. 
Luiz Eduardo Rocha Paiva, general da reserva, 
foi comandante e é professor emérito 
da Escola de Comando e Estado-Maior do Exército. 
Fonte:  A Verdade Sufocada
COMENTO: publico este texto como complemento da postagem anterior, para que meus amigos tenham mais que um ponto de vista a examinar. Ainda me parece que ao centrarmos nossos temores na "conquista da amazônia", estamos desmerecendo os interesses geopolíticos norte americanos. Penso que ninguém quer "invadir" nosso território pois isso levaria a nada. A extração de riquezas (madeiras nobres, minerais, riquezas medicinais, etc) já está sendo feita há muito tempo sem que nenhuma "otoridade" nacional se preocupe em estabelecer uma legislação para restringir a presença estrangeira naquela região. As ONG e "missionários" que o digam. Mais ao sul, a outra riqueza futura, o Aquífero Guarani, ainda não foi "atacado", mas em breve o será, é uma questão de reservar essa riqueza para a oportunidade certa. No mais, ainda me parece mais coerente a preocupação do autor argentino Horacio Calderón. Para os EUA, o buraco, digo, o alvo é mais embaixo!

quarta-feira, 2 de setembro de 2009

¿Avance Yanqui? — Hipótesis Sobre Nuevas Bases Estadounidenses en la Región

Introducción
El presente trabajo no se limita exclusivamente a la situación generada con motivo de las bases colombianas, sino que abarca también la alta probabilidad de ocurrencia, a largo plazo, de una futura proyección estratégica militar estadounidense hacia el Atlántico Sur y hasta la misma Antártida Argentina. Proyecto que podría ser parte de una agenda no declarada aún públicamente por los EE.UU. y que, de concretarse, incluiría la instalación o uso de bases en territorios continentales y/o espacios insulares de países vecinos, y/o aquellos usurpados a la Argentina por Gran Bretaña.
Uno de los países en que el caso Colombia podría replicarse posteriormente es Paraguay, donde no debería descartarse un futuro acuerdo estratégico para el uso de la controvertida base de Mariscal Estigarribia; este caso sería en principio de menor envergadura al que los EE.UU. acaban de firmar con el Gobierno de Alvaro Uribe Vélez, concretado en el marco de una relación bilateral de cooperación militar preexistente de larga data. Basada fundamentalmente en el "Plan Colombia", encuentra tal relación militar bilateral una plena justificación en la necesidad de derrotar de manera definitiva al narcoterrorismo encarnado en organizaciones como las "Fuerzas Armadas de Colombia" (FARC), el "Ejército de Liberación Nacional" (ELN) y la autodenominada "Autodefensa de Colombia" (AUC). También, a los grupos de narcotraficantes que operan todavía en el país como remanente de los otrora poderosos carteles del tráfico ilegal de alcaloides, como así mismo a las fuerzas marxistas-leninistas, castro-comunistas y trotskistas que atentan contra la estabilidad del país y se expanden desde él a toda la región.
No obstante y al margen de lo expuesto ut supra, la firma de otros acuerdos de cooperación militar bilaterales de parecido tenor en la región — por ejemplo con Paraguay —, permitiría confirmar que se trata de un eslabón más de la proyección estratégica estadounidense en el Atlántico Sur, hasta alcanzar la región antártica y el mismo Polo Sur.
Quien escribe estas líneas, también pudo tomar conocimiento de manera fortuita, años atrás, sobre la existencia de estudios de prefactibilidad por parte de grupos inversores extranjeros, que parecían interesados en el desarrollo de un puerto de gran magnitud en La Paloma o en algún otro punto con aguas profundas de la costa de Rocha en Uruguay, incluso más cercano a la frontera con Brasil que el primer lugar mencionado.
Eso no hubiera llamado mayormente la atención, si en una de las "exploraciones" y sondeos realizados, no hubieran intervenido especialistas vinculados con al menos una firma consultora estadounidense de importancia global, dedicada a proyectos especiales en los campos de la defensa y la seguridad internacionales. También, de operaciones de inteligencia encaradas por "contratistas" de agencias gubernamentales que, por razones obvias, no pueden intervenir de manera directa en los países blanco para tal tipo de estudios e investigaciones.
Si bien al exponer su preocupación por cualquier presencia militar extrarregional en América del Sur, este autor ha mencionado en diversos medios de comunicación, a nivel hipotético y desde 2005 la probabilidad de instalación de una futura base estadounidense en el Uruguay, optó por no hacer públicas las bases de dichas sospechas, a la espera de mayores indicios de la potencial existencia de planes orientados a concretar este tipo de desarrollos.
El tenor de ciertos documentos estadounidenses que han tomado estado público recientemente, como el "White Paper - Air Mobility Command - Global En Route Strategy" [1], arroja más luz sobre las presunciones arriba mencionadas, acerca de una futura expansión de las bases colombianas hacia el Atlántico Sur y con alcance hasta el sector antártico.
Con respecto a la cuestión de los plazos potenciales para tal proyección estratégica estadounidense, cabría agregar que si la base aérea colombiana de Palanquero estará operativa en 2025 — según se anuncia oficialmente —, cualquier expansión posterior como la que aquí se comenta, sería probablemente viable en años posteriores. Sin embargo, tales plazos podrían adelantarse bruscamente en caso de mediar el estallido de una conflagración regional, que los actores estatales involucrados deberían evitar a toda costa, junto a los pretextos que justifiquen futuras intervenciones extrarregionales. Planes desestabilizadores en la región como los desarrollados por el presidente de Venezuela, ya descriptos, no son sino actos casi formales de invitación para una expansión de la presencia militar extrarregional en teatros de operaciones allende Colombia.
Pero de eso trata precisamente la ciencia de la prospectiva a la que los hacedores de decisiones deberían acudir más a menudo: determinar los grandes escenarios del futuro, con el objeto de adoptar políticas de Estado acordes a las tendencias que conducen a ellos y que cuenten con una mediana a alta probabilidad de ocurrencia.
El acuerdo militar entre los EE.UU. y Colombia
Aunque todavía no se conocen los aspectos públicos — o reservados pero accesibles — sobre los instrumentos firmados entre Colombia y los EE.UU., es muy probable que el presidente Alvaro Uribe brinde en la próxima reunión de la UNASUR mayores detalles que los expuestos a la Presidente Cristina F. de Kirchner durante su reciente visita al país.
No obstante, el meollo de la cuestión y del escándalo desatado — al margen de los derechos soberanos que permitieron su firma al gobierno de Alvaro Uribe —, no radica tanto en las bases militares mismas, sino en la naturaleza de los documentos estadounidenses en el marco de los recientes acuerdos, que tienen como eje regional al Comando Sur de las Fuerzas Armadas de los EE.UU. Parece ser ello sólo una parte de la gigantesca expansión de los objetivos para los próximos quince años, consistentes en asegurar la mayor capacidad estratégica de movilidad global aérea en ruta ("Global En Route Strategy") para las fuerzas armadas estadounidenses.
América Latina no es una prioridad inmediata como otras regiones altamente hostiles y/o inestables del mundo, que podrían requerir en un futuro no muy lejano un esfuerzo aerotransportado masivo hacia teatros de operaciones bélicas en Asia, Corea, Africa, Eurasia e Indonesia, como afirma el documento mencionado sobre movilidad aérea.
Desde luego y descartando derechos aceptados por la misma presidente chilena Michelle Bachelet y hasta su colega uruguayo Tabaré Vázquez, la plataforma territorial colombiana — y también sus espacios marítimos llegado el caso —, no sólo permitirían cumplir con las misiones estratégicas brevemente mencionadas en materia de movilidad a escala global, que son ya semipúblicas, sino de hecho convertirse también en un importante espacio de operaciones en toda la región, si las circunstancias políticas así lo aconsejaran.
El presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías, tiene una enorme responsabilidad en lo que acaba de suceder con la extensión y nuevo alcance de los acuerdos militares bilaterales entre Colombia y los EE.UU. No sólo ha montado una extensa red subversiva, para desestabilizar especialmente aquellos gobiernos de la región que no están de acuerdo en cooperar con sus planes de fundar un megaestado en los antiguos territorios de la Gran Colombia soñada por Simón Bolívar. También interactúa con organizaciones narcoterroristas como las FARC para atacar al gobierno de Alvaro Uribe; respalda grupos etnoterroristas como las que operan en Perú y en este caso en una estrecha alianza con su par boliviano Evo Morales; mantiene una alianza estratégica con Irán que incluye al movimiento terrorista Hizballah, a quienes facilita el territorio venezolano para desarrollar acciones que pueden culminar en atentados terroristas en blancos de la región; y ha contribuido a debilitar la lucha contra el tráfico ilegal de alcaloides, alentada entre otras causas por el alto nivel de corrupción en su Gobierno. Como si eso no bastara, ofreció a Rusia el territorio de su país para instalar bases similares a las que ahora reprocha a Colombia, mientras dilapida sumas siderales de dinero comprado armamento al primer país, que a su vez y paradójicamente abona con los jugosos dividendos que obtiene con los negocios petroleros que realiza con sus socios "pitiyanquis".
En cuanto a la temida relación y actividades conjuntas con Irán, el punto en común más importante que puede unir las agendas de mandatarios como Hugo Chávez y Mahmoud Ahmadinejad y sus mandantes dentro de la conducción clerical extremista chiíta duodecimana, es la aversión mutua a la agenda política internacional de los EE.UU. y sus aliados.
Con todo ello, ha servido en bandeja de plata los pretextos necesarios para que el acuerdo sobre las bases en entredicho culminara incluso fortalecido. Ha quedado fertilizado así el terreno para que cualquier acontecimiento de envergadura, mutatis mutandis, permita desencadenar en un futuro una intervención militar estadounidense en cualquier lugar de América Latina.
Dejando por un momento al margen la guerra contra el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado transnacional, que de hecho constituyen graves amenazas que todos los gobiernos de la región deberían enfrentar mancomunada y coordinadamente, el sismo creado por la firma de los acuerdos con Colombia tiene su epicentro en cuestiones geopolíticas y geoestratégicas, que algunos países y especialmente Brasil perciben — no sin razón — que ponen en peligro su seguridad nacional.
En realidad, todo parecería indicar que el blanco final de la estrategia estadounidense a largo plazo no sería Venezuela sino Brasil. Pero mientras Hugo Chávez utiliza el pretexto de las bases y aparenta batir tambores de una guerra, como parte de maniobras de distracción en el desastroso frente interno de su país, su inteligente colega Luiz Inacio da Silva pergeña la estrategia dirigida a mitigar daños futuros sin levantar mayormente la voz ni la polvareda.
Analizando la situación desde el prisma de la geopolítica, así como EE.UU. derrocó a Saddam Hussein y ocupó Irak, paso previo a provocar un cambio de régimen en Irán (como afirmó esta autor en la conferencia dada en el Ministerio de Defensa en el marco del Proyecto RAEM en 2007), no sería tampoco descartable que se intente crear un anillo similar en torno a Brasil. Tal vez para cambiar un determinado régimen político y/u ocupar parte de su territorio en un futuro, dado que la Amazonía brasileña o parte de ella se encuentra en peligro por ser un blanco apetecible permanente. Pero por sobre todas las cosas — y sería ingenuo dudar sobre esto —, con el objeto de limitar el acelerado crecimiento y también la proyección continental y global del Brasil como potencia emergente de primer orden.
La integración de Brasil en el llamado "Grupo BRIC", junto a Rusia, la India y China, convierte de manera automática a este país en un actor estatal de gran importancia en la arena mundial, cuya gravitación los EE.UU. intentarán controlar con todos los medios a su alcance.
La importancia estratégica de la base colombiana de Palanquero
Tal vez no puedan conocerse oficialmente los aspectos más confidenciales de los acuerdos de los EE.UU. con Colombia, que incluyen siete bases consideradas "centros operativos de avanzada", traducción de "Forward Operating Locations" (FOLs) y "centros de seguridad cooperativa", que viene a su vez de "Cooperative Security Locations" (CSLs).
Afirma asimismo y cándidamente la documentación estadounidense consultada, con referencia a Palanquero, que el Comando Sur se ha interesado en establecer un lugar en América del Sur, que pueda ser utilizado tanto para operaciones antinarcóticos, como para contar con una base desde la cuál estén en condiciones de ser ejecutadas operaciones de movilidad aérea, obviamente globales [2].
Es en ese punto donde Palanquero cobra primordial importancia, conjuntamente con su aeropuerto "Germán Olano", identificados como un "centro de seguridad cooperativa" en "misión actual". Según acredita el Pentágono, el presupuesto base para el proyecto de desarrollo de dicha base colombiana asignado al año fiscal 2010 es de 46 millones de dólares estadounidenses [3]. No se conocen todavía las cantidades anuales estimadas a desembolsar para los años subsiguientes a 2010, como tampoco el monto total de un proyecto que se pretende terminar en 2025.
Según el "White Paper" citado, Palanquero permitiría cubrir la mitad del continente sin necesidad de reabastecimiento aéreo, utilizando los aviones de transporte militar pesado "C-17 Globemaster III". Además y según las estimaciones de dicho documento, si se contara con la disponibilidad del combustible apropiado hasta su destino, los C-17 podrían cubrir enteramente el continente, exceptuando la región del Cabo de Hornos en Chile y la Argentina. También se aclara, por si quedaran más dudas, que hasta el momento en que el Comando Sur establezca un plan de empeñamiento más sólido en este teatro de operaciones, la estrategia de poner un "centro de seguridad cooperativa" en Palanquero debería ser suficiente para alcanzar la movilidad aérea en América del Sur [4].
No se elabora sin embargo qué sucedería con los aviones de combate que despeguen de Palanquero y otras bases, en caso de una guerra declarada en la región, ni tampoco con el resto de las fuerzas armadas, especiales y de seguridad estadounidenses establecidas en las bases colombianas, si se desatara en su plena conjuntez todo el poder militar necesario por parte de los EE.UU.
La periodista Eleonora Gosman del diario Clarín, en un artículo titulado "Brasil teme que el acuerdo con Bogotá amenace al Amazonas" abordó hace días y con acierto parte de las conjeturas aquí analizadas, agregando irónicamente que para la región hay una "tranquilidad" que se extenderá hasta 2025, fecha en que estaría plenamente operativa la base de Palanquero.
Pero el proyecto americano también aclara que la estrategia establecida por el Comando Sur para alcanzar los objetivos generales señalados de la "movilidad en ruta" no puede ser estática, y que debe adaptarse a cambios en las prioridades nacionales, al paisaje político y a las restricciones fiscales. Para ese fin recomienda que cada dos años dicho Comando realice una revisión de la estrategia y que con esos resultados podría continuar con ella, ajustarla a recomendaciones o a una puesta a punto basada en requerimientos cambiantes. En síntesis, Palanquero o cualquier proyecto de desarrollo similar de bases en o fuera de Colombia, podrían acelerarse y terminarse mucho antes en caso de guerra o previsiones de conflictos de alta intensidad.
Debe quedar muy claro que la decisión del gobierno de Alvaro Uribe de firmar los acuerdos con los EE.UU., queda plenamente justificada frente al conjunto de amenazas que enfrenta Colombia y que concretarlo forma parte de sus derechos soberanos inalienables.
Un capítulo aparte es la alta probabilidad de ocurrencia de nuevos acuerdos bilaterales de cooperación de los EE.UU. con otros países de la región, lo cual podría poner en peligro la soberanía nacional de la Argentina, si se dieran las condiciones y/o pretextos para que se desencadene una intervención militar directa.
Hipótesis sobre nuevas bases estadounidenses en la región
Otro de los eslabones fundamentales de la estrategia de "movilidad" que podría llegar hasta el Polo Sur (¿nuestra Antártida en peligro?) por parte de los EE.UU., sería muy probablemente la Base Militar paraguaya Mariscal Estigarribia, ya mencionada, que en caso de un acuerdo podría cobrar tanta importancia como la que se encuentra en desarrollo en Palanquero.
Así como el actual presidente venezolano, por las breves razones ya mencionadas, cooperó sensiblemente para que Colombia profundizara aún más sus compromisos militares con los EE.UU., Paraguay es sin duda alguna uno de los mayores centros criminales de América del Sur, conjuntamente con algunas ciudades limítrofes e interiores del Brasil y, en menor medida, de la Argentina [5].
No en vano el presidente de Brasil Luiz Inacio Da Silva está realizando importantes esfuerzos para combatir el crimen organizado doméstico, vecino y transnacional, y también muy sutilmente contra el terrorismo islamista que irradia la Triple Frontera, dentro de las grandes limitaciones de todo orden que enfrenta desde el punto de vista político, diplomático, estratégico y táctico-operacional.
Uno de los principales objetos de ese capítulo de la estrategia brasileña, que muy probablemente continuarán los próximos presidentes, es restringir la capacidad de maniobra de los EE.UU., e impedir que pueda sentar sus reales en Paraguay, so pretexto de terminar con las amenazas del crimen organizado y su convergencia con el terrorismo regional y extracontinental.
Resulta muy probable que el perspicaz presidente Da Silva, al igual que Itamaratí, una de las cancillerías históricamente más calificadas a nivel mundial, sospechen que si se dieran los pretextos necesarios, como los que otorga Hugo Chávez desde Venezuela, podría quedar colocada en Paraguay una pieza más en la maniobra de cercado de su territorio (percepción similar a la de Rusia en cuanto a la OTAN), aunque públicamente las relaciones bilaterales con los EE.UU. aparezcan más cordiales de lo que realmente son.
La virtud del presidente Da Silva ha sido comprender precisamente que el combate contra las amenazas multifacéticas y multidimensionales representadas por el narcotráfico y toda forma de criminalidad organizada en la región de la Triple Frontera, no implica aceptar imposiciones de los EE.UU., sino por el contrario defender su propia soberanía nacional. Porque la Soberanía, que es la autoridad suprema del Estado, podría desaparecer por sí sola si no se contara con los recursos humanos y materiales necesarios para proveer a la defensa y seguridad de su país, como cuando las fuerzas de seguridad y policiales del Brasil quedaron prácticamente sitiadas hace pocos años por las organizaciones narcocriminales, tanto en destacamentos como en otras instalaciones fijas de algunos Estados.
Si hay países de la región que permiten crecer dentro de sus territorios soberanos todo tipo de amenazas criminales contra su defensa y seguridad, al punto de quedar al borde del colapso, podrían verse obligados en un futuro a imitar el ejemplo de Colombia, para preservar su continuidad histórica y terminar con la firma de tratados o acuerdos bilaterales de asistencia militar que incluyan tropas extranjeras en su territorio. Máxime, si tales acuerdos van acompañados por beneficios económicos y bases militares que suelen convertirse en una fuente importante de ingresos, no sólo para el Estado huésped sino también para los lugareños y todo tipo de negocios que proliferan en torno a ellas.
Continuando con el mismo razonamiento y experiencias observadas por este autor en otras latitudes, si existieran los pretextos suficientes, brindados gratuitamente o como consecuencia de graves errores de discernimiento o cálculo político (caso Saddam Hussein en Irak), podría desatarse la intervención de una potencia extrarregional — con o sin aliados — en contra de uno o más países de Ibero América y/o del sur del continente.
En cuanto a la Argentina, de suscitarse una situación caótica interna fuera de control, que afectara intereses estratégicos extrarregionales u otorgara simplemente los pretextos necesarios, podría quedar libre el terreno para una intervención directa militar foránea sin permiso alguno; y no necesaria y exclusivamente de los EE.UU.
Volviendo al gran teatro de América de Sur, la combinación de factores como un Estado reacio a aceptar los compromisos internacionales en materia de lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, sumado a la utilización de esas organizaciones como palancas para intervenir en los asuntos internos de otros países por razones de orden geopolítico, y no necesariamente ideológicas, no son sino una generosa invitación a la presencia militar extrarregional.
El autor de este trabajo compara por ello regularmente la relación entre el Estado venezolano y las FARC en su permanente confrontación con Colombia, con la de Paquistán y el movimiento Talibán, más grupos terroristas musulmanes, utilizados como instrumentos por este último país en sus históricos litigios con la India y Afganistán. En este último caso el resultado ha sido exactamente el mismo que en el primero.
Los temores de Brasil tienen plena justificación; dependerá en consecuencia del desarrollo de una gran estrategia de seguridad nacional basada en políticas de Estado, que este país logre prevenir las consecuencias de cualquier maniobra de cercado de su territorio soberano.
Debe tenerse en cuenta además, que la sospechada proyección estadounidense hacia el Atlántico Sur — con una base en territorio continental de algún país vecino de la Argentina o tal vez una isla —, podría colisionar con los intereses geopolíticos permanentes de Gran Bretaña, potencia ocupante de nuestras Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y espacios marítimos adyacentes. Salvo — claro está —, que como en el caso de la Isla de Ascensión y otras bases, no mediara un acuerdo previo entre ambos viejos aliados atlantistas.
No sería la primera ni la última vez que EE.UU. y Gran Bretaña se enfrentaran en defensa de sus intereses geopolíticos en América del Sur y específicamente en cuanto a la Argentina, como sucedió en las postrimerías del gobierno peronista derrocado en 1955. O por el contrario, que funcionaran como estrechos aliados, tal lo ocurrido durante la guerra entre nuestro país y Gran Bretaña en 1982, en que la Casa Blanca hizo trizas — previsiblemente — el "Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca" (TIAR). Este hecho constituyó el punto de partida del proceso de defunción todavía no aceptado de la Organización de Estados Americanos (OEA), con ese tratado traicionado tanto en su espíritu como en su letra. Institución — la OEA — "capturada" actualmente por los principales socios presidenciales del ultraizquierdista "Foro de Sao Paulo": Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega, como también por el mismo Secretario General del alto organismo interamericano, José Miguel Insulza.
Chile sería para esos probables planes de expansión estadounidense un capítulo aparte, porque dicho sea de paso tampoco ha abandonado su propio sueño de proyección bioceánica, que incluye una pretendida soberanía marítima e insular en el llamado "Arco de las Antillas del Sur", conjunto de pequeñas islas que forman un ambiente específicamente argentino, que une nuestro extremo continental con el área de la Península Antártica que nos pertenece.
Un riquísimo botín, el arriba mencionado, del cual que muchos actores estatales desearían apoderarse, más allá de lo que ya ha adquirido por la fuerza Gran Bretaña. Es que las riquezas naturales a defender de la Argentina no se agotan en nuestros reservorios acuíferos, ni en nuestra plataforma marítima, ni tampoco en el sur profundo de nuestra Patagonia, sino que llegan también hasta las heladas tierras y mares que constituyen nuestra Antártida.
¿Es Uruguay otro eslabón en la probable cadena de bases estadounidenses?
Lo dicho a título de introducción sobre el potencial papel de Uruguay como último eslabón en la cadena de proyección estadounidense hacia el sur, es algo que debería estudiarse con bases empíricas más sólidas que lo anteriormente expuesto.
La instalación de un puerto de aguas profundas en el Uruguay en las décadas por venir, debería contar con la máxima capacidad multimodal posible, porque eso es lo que identifica los grandes proyectos estadounidenses en desarrollo. Si uno intentara compararlo con un modelo actual, por ejemplo, este se aproximaría a la base de Rota en España. En la actualidad es un puerto naval militar de uso compartido, que sirve como lugar de paso para aviones de carga "C-5 Galaxy", "C-17 Globemaster III", navíos de guerra y buques de todo tipo de EE. UU. y otros países pertenecientes a la OTAN, que lo usan para repostar.
A título exclusivamente referencial y con un perfil más futurista, podría citarse el monumental proyecto de Iwakuni en la costa de Aki, Japón, que según el Pentágono permitiría realizar transbordos de barco a aviones o viceversa, maximizando el espacio limitado disponible en ese teatro. En el caso japonés la ventaja radicaría en que el combustible para los aviones sería descargado desde barcos dentro de los confines de la base, reduciendo significativamente los riesgos de seguridad existentes en otros lugares.
Cuando arreciaban las tensiones creadas por el conflicto no resuelto con la pastera Bosnia y las asimetrías existentes en el Mercosur, crecieron también los rumores sobre una ruptura del Uruguay con el organismo regional, junto a amenazas de negociaciones para arribar a la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con los EE.UU.
Si en un futuro llegara a presentarse un escenario de tales características — aunque por el momento pueda apreciarse como de baja probabilidad de ocurrencia —, Uruguay buscaría contar con los acuerdos extrarregionales de seguridad necesarios, con el objeto de evadir el peligro de convertirse nuevamente, aunque fuera de facto y no de jure, en una versión actualizada de la antigua "Provincia Cisplatina". Es que el hermano país oriental debería temer más al ascendente y poderoso Brasil que a la Argentina, cuyas fuerzas armadas están siendo reducidas a chatarra y si esta situación no se revirtiera, tampoco estaría en condiciones de disuadir militarmente cualquier intento de alteración de la condición de Estado "tapón" del Uruguay entre sus poderosos vecinos.
Esa suerte de necesidad de contar con un patronazgo protector extrarregional por parte de Uruguay, coincidiría con los intereses estratégicos estadounidenses y sus planes de desarrollo de nuevas bases aliadas, en el marco de una dura competencia por el poder — también global —, entablada primariamente contra los actores estatales enrolados en el desafiante Grupo BRIC. Ello, sin mencionar un segundo pelotón de países que ha comenzado a surgir hace tiempo en el horizonte de la arena mundial.
Una proyección estratégica hacia el Polo Sur por parte de los EE.UU. no es una simple construcción intelectual, sino uno de los objetivos altamente probables de esa superpotencia para un futuro, cuya proximidad o lejanía en materia de concreción dependerá de factores que no resulta posible establecer en un escrito de esta naturaleza.
La Argentina debería tener en cuenta muy especialmente los riesgos y amenazas a los que podría enfrentarse si prosperara la proyección mencionada hacia el mismo Polo Sur; no sólo en lo que concierne a la defensa de nuestros vastos recursos naturales, acuíferos, pesqueros, etc., sino también a la potencial y definitiva pérdida de territorios y espacios marítimos y aéreos.
Deberían analizarse indicios existentes y hechos portadores de futuro relacionados con ese objetivo, aunque estos últimos parezcan poco relevantes en la actualidad. Asimismo, monitorear de manera permanente la factibilidad real de un proyecto de tal magnitud y de comprobarse el mismo determinar el grado de probabilidad de ocurrencia, aunque su concreción pudiera hacerse realidad más allá de 2025. También, suponiendo y esperando que la Argentina no ingrese en un estado de desintegración territorial mucho tiempo antes y quede ya para ese entonces poco o nada vital que defender.
Los sospechosos objetivos de la arremetida etnoseparatista mapuche
A las amenazas y riesgos anteriormente mencionados se han sumado durante los últimos tiempos — como serio factor de desestabilización —, las acciones desarrolladas por activistas mapuches, mediante la ocupación de tierras que incluyen la toma de propiedades fiscales e incluso pertenecientes al Ejército Argentino, entre otras acciones al margen de la ley.
Las organizaciones mapuches que tantos escándalos y atropellos han cometido recientemente en la Argentina y Chile, deben encontrar una firme respuesta legal a su intento de erigirse en un "pueblo originario" de la Argentina, cuando en realidad eso se opone a la realidad histórica de la Patagonia. Esto ha sido muy bien reflejado en un estudio del entonces oficial del Ejército Juan Domingo Perón, escrito entre 1935 y 1936, en el que trata el idioma de los indios araucanos originarios de la región patagónica [6]. Brevemente y para explicar su falta de derechos como "pueblo originario" resulta suficiente recalcar que los araucanos, a quienes hoy se denomina "mapuches", ingresaron a la Argentina desde Chile en 1830, cuando nuestra país ya era una nación independiente.
Este escrito no pone en duda los derechos individuales de los mapuches como ciudadanos argentinos de varias generaciones, pero jamás las reivindicaciones territoriales que intentan esgrimir, transgrediendo gravemente las leyes y alterando el orden público en cuanta oportunidad se presenta a varios de sus dirigentes.
¿Por qué este apartado tan especial y largo sobre los mapuches en un trabajo sobre una potencial intervención militar extrarregional en la Argentina en un futuro lejano, sea esta unilateral o de una alianza del momento?: Por aquello de que "más vale prevenir que curar" y aunque el planteo resulte aún un tanto "futurista", debería tenerse en cuenta que cualquier situación fuera de control manejada en un futuro por la minoría indígena mapuche de origen foráneo y sus aliados exteriores, podría poner a la Argentina bajo el peligro de que sean aplicadas sanciones según el Capítulo VII de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, que autoriza el uso de la fuerza militar.
Debería en consecuencia evitarse el reconocimiento de los mapuches como "pueblo originario" de nuestro país, sencillamente porque no lo son, a efectos de desactivar con la debida anticipación el crecimiento de esta nueva y singular amenaza para la defensa y seguridad de la Nación, frente a reivindicaciones carentes de todo derecho y que son violatorias de la Constitución y de las leyes fundamentales de la República Argentina.
El despliegue internacional de los denominados mapuches, "pueblo originario" de origen chileno y no argentino, que fue responsable del genocidio de los tehuelches, sí originarios de nuestro país y muchos de cuyos dominios ocuparon, permite suponer que existe una coordinación exterior de sus acciones. En qué medida intervienen en ello servicios de inteligencia extranjeros y corporaciones dispuestas a utilizar las causas esgrimidas por los "pueblos originarios", como sucede en otros países, para hacerse con el control de recursos naturales, es algo que deberían investigar nuestros propios servicios de inteligencia y seguridad en el marco de la legislación vigente.
Una mención aparte merece el hecho de que el gobierno chileno ha descubierto nexos de organizaciones mapuches domésticas con las FARC, e incluso con extremistas enrolados en la organización internacionalista vasca "Askapena", nacida en 1987, que opera también en Bolivia, Uruguay, Venezuela y Cuba, entre otros países.
Cabe señalar que se trata nada menos que de informaciones oficiales del gobierno socialista de Michelle Bachelet y no del de Alvaro Uribe Vélez, a quien tanto se cuestiona por su guerra contra las organizaciones narcoterroristas que operan en su país y también desde bases en países vecinos como Venezuela y Ecuador.
Si llegaran a darse las condiciones, las acciones etnoseparatistas mapuches podrían pasar del bajo nivel de violencia actual en la Argentina, menor al que se observa estos días en Chile, a fases de lucha más cruentas, incluyendo el uso de tácticas terroristas.
El debilitamiento de la defensa nacional de la Argentina, acompañado también por el de su seguridad interior, sería no sólo una invitación para que operen dentro de territorio argentino actores estatales y no estatales que nos amenazan con base en la región y hasta en países limítrofes; también el mediano a alto grado de probabilidad de ocurrencia de que veamos una suerte de Palanquero mucho más cerca y rápido de lo que pueda pensarse.
El presente trabajo quedaría inconcluso, si no se expresara la preocupación y angustia que produce el debilitamiento de nuestro poder militar, que ya ni siquiera es disuasivo, lo cual exige perentoriamente el fortalecimiento urgente del sistema de defensa, que se encuentra en proceso de virtual demolición, acelerada a partir de la reciente reducción presupuestaria.
Uno de los principales puntos de partida y que debe citarse aunque no pertenezca al sector de la defensa sino al de seguridad interior — extraña división propia de la agenda política del presente Gobierno al nivel de la Presidente y Comandante en Jefe y no de niveles inferiores —, es sin duda quitar a cualquier potencia extrarregional el más mínimo pretexto para establecerse cerca de nuestras fronteras, cumpliendo por nuestra parte con todos los acuerdos internacionales en materia de lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado transnacional.
La Argentina debería tal vez entonces y desde su propia identidad nacional, imitar las decisiones inteligentes del presidente Luis I. Da Silva; no la estrategia y actitudes perniciosas de su par venezolano Hugo Chávez Frías, que tanto daño le siguen causando a la seguridad regional.
Horacio Calderón
[1] http://www.au.af.mil/awc/africom/documents/GlobalEnRouteStrategy.PDF
[2] Ibídem.
[3] Pentágono, "DoD FY 2010 Budget Request Summary Justification".
[4] Op. cit.
[5] Cfr. Calderón Horacio, "Terrorismo y Crimen organizado en la Triple Frontera", Buenos Aires, 10 de agosto de 2007.
[6] "Toponimia Patagónica de Etimología Araucana" (Dirección General de Cultura del Ministerio de Educación de la Nación), Imprenta Julio Kaufman, Buenos Aires, 1952.
COMENTO: efetivamente, não se pode menosprezar a presença física norte-americana na América do Sul. A estratégia global da nação do norte deve ser muito bem considerada. Assim, os pontos relativos à possível utilização de atritos internos com base em reivindicações de "etnias indígenas" também não podem ser desprezados. As questões citadas sobre deficiências argentinas podem muito bem ser aplicadas ao Brasil.

Nossos Governantes.

por Olavo de Carvalho, filósofo
Desafio o governo Lula e seus 60 intelectuaizinhos de estimação, os partidos de esquerda, o dr. Baltasar Garzón e todos os camelôs de direitos humanos a provar que qualquer das afirmações seguintes não corresponde aos fatos:
1. Todos os militantes de esquerda mortos pela repressão à guerrilha eram pessoas envolvidas de algum modo na luta armada. Entre as vítimas do terrorismo, ao contrário, houve civis inocentes, que nada tinham a ver com a encrenca.
2. Mesmo depois de subir na vida e tomar o governo, tornando-se poderosos e não raro milionários, os terroristas jamais esboçaram um pedido de perdão aos familiares dessas vítimas, muito menos tentaram lhes dar alguma compensação moral ou material. Nada, absolutamente nada sugere que algum dia tenham sequer pensado nessas pessoas como seres humanos; no máximo, como detalhes irrisórios da grande epopeia revolucionária. Em contrapartida, querem que a opinião pública se comova até às lágrimas com o mal sobrevindo a eles próprios em retaliação pelos seus crimes, como se a violência sofrida em resposta à violência fosse coisa mais absurda e chocante do que a morte vinda do nada, sem motivo nem razão.
3. Bradam diariamente contra o crime de tortura, como se não soubessem que aprisionar à força um não-combatente e mantê-lo em cárcere privado sob constante ameaça de morte é um ato de tortura ainda mais grave, pelo terror inesperado com que surpreende a vítima, do que cobrir de pancadas um combatente preso que ao menos sabe por que está apanhando. Contrariando a lógica, o senso comum, os Dez Mandamentos e toda a jurisprudência universal, acham que explodir pessoas a esmo é menos criminoso do que maltratar quem as explodiu.
4. Mesmo sabendo que mataram dezenas de inocentes, jamais se arrependeram de seus crimes. O máximo de nobreza que alcançam é admitir que a época não está propícia para cometê-los de novo. E esperam que esta confissão de oportunismo tático seja aceita como prova de seus sentimentos pacíficos e humanitários.
5. Consideram-se heróis, mas nunca explicaram o que pode haver de especialmente heroico em ocultar uma bomba-relógio sob um banco de aeroporto, em aterrorizar funcionárias de banco esfregando-lhes uma metralhadora na cara, em armar tocaia para matar um homem desarmado diante da mulher e do filho ou em esmigalhar a coronhadas a cabeça de um prisioneiro amarrado sendo estes somente alguns dos seus feitos presumidamente gloriosos.
6. Dizem que lutavam pela democracia, mas nunca explicaram como poderiam criá-la com a ajuda da ditadura mais sangrenta do continente, nem porque essa ditadura estaria tão ansiosa em dar aos habitantes de uma terra estrangeira a liberdade que ela negava tão completamente aos cidadãos do seu próprio país.
7. Sabem perfeitamente que, para cada um dos seus que morria nas mãos da polícia brasileira, pelo menos 300 eram mortos no mesmo instante pela ditadura que armava e financiava a sua maldita guerrilha. Mas nunca mostraram uma só gota de sentimento de culpa ante o preço que sua pretensa luta pela liberdade custou aos prisioneiros políticos cubanos.
Desses sete fatos decorrem algumas conclusões incontornáveis.
Esses homens têm uma ideia errada tanto dos seus próprios méritos quanto da insignificância alheia. Acham que surrar assassinos é crime hediondo, mas matar transeuntes é inócuo acidente de percurso (e recusam-se, é claro, a aplicar o mesmo atenuante às mortes de civis em tempo de guerra, se as bombas são americanas). São hipersensíveis às suas próprias dores, mesmo quando desejaram o risco de sofrê-las, e indiferentes à dor de quem jamais a procurou nem mereceu.
Procedem, em suma, como se tivessem o monopólio não só da dignidade humana, mas do direito à compaixão.
Qualquer tratado de psiquiatria forense lhes mostrará que esse modo de sentir é característico de criminosos sociopatas, ególatras e sem consciência moral. Não tenham ilusões.
É esse tipo de gente que governa o Brasil de hoje.
Olavo de Carvalho é filósofo.
Recebido por correio eletrônico

Stella Farias e Bordignon São "Especialistas" em Crimes de Improbidade Administrativa

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A bancada do PT na Assembléia do RS resolveu indicar dois “especialistas” em crimes de improbidade administrativa para investigar crimes de improbidade administrativa do governo Yeda.
Os dois titulares na CPI do PT são os deputados Stella Farias (presidente) e Daniel Bordignon. Stella e Bordignon foram prefeitos de Alvorada e de Gravataí. Quando terminaram os mandatos, foram brindados por ações variadas, mas as mais coxudas são as que tratam de improbidade administrativa.
1) O processo mais volumoso é o que responde o ex-prefeito Daniel Bordignon. O editor foi examiná-lo, ontem, em Gravataí. Ele tem 2.300 páginas:
015/1.06.0002334-0 - 2ª Vara Cível. É processo de improbidade, em razão da contratação de mais de 500 servidores sem que houvesse emergência para tanto. É movido pelo MP, tem 13 volumes (mais de 2.300 páginas).
2) O processo mais rumoroso é o que responde a deputada Stella Farias, tem 1.900 páginas e o MP quer que ela devolva R$ 3 milhões de dinheiro dos aposentados municipais, aplicados no falido Banco Santos. O processo 003/06.0005652-6 corre na Vara Cível de Alvorada e já tem 1.869 páginas.
- Nesta terça-feira de manhã, na Band News, o jornalista Diego Casagrande voltou a pedir o impedimento da presidente da CPI do PT, que perdeu as condições políticas de ocupar o cargo depois que foram conhecidos os detalhes da ação a que responde.

terça-feira, 1 de setembro de 2009

Um Pouco de Turismo

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Quem viajar pelo sul de Minas Gerais tem a oportunidade e o privilégio de conhecer São Lourenço.
Trata-se de uma cidade turística, com população hospitaleira e de excelente educação. Um exemplo: os brasilienses orgulham-se de viver em uma cidade onde as faixas de pedestres são respeitadas. No perímetro urbano de São Lourenço existem poucas faixas de pedestres, mas estes são respeitados. Em todos os cruzamentos de vias, os automóveis param e esperam a passagem dos pedestres, sem necessidade do "sinal" ou de policiais para fiscalizar tal procedimento. Isso é educação, respeito, civilidade.
Interessante em São Lourenço são os telefones públicos caracterizados como animais. São diversos espécimes artísticamente distribuídos pela cidade.
Na bonita e bem conservada praça onde se localizam a Prefeitura Municipal, a Câmara de Vereadores e o Fórum Municipal, o busto do Duque de Caxias lembra a presença do Exército Brasileiro no município (Tiro de Guerra 04-024).
A Estação Ferroviária de onde parte o "Trem das Águas" localiza-se em uma bucólica praça onde o simples fato de ali permanecer por algum tempo, desfrutando da paz e tranquilidade do ambiente, já é gratificante.

A cultura das artes é incentivada, como podemos verificar nesse monumento em homenagem às árvores urbanas, elaborado por Patrik Klaus Balabam, em 1993, quando aluno secundarista, manifestando o cuidado que devemos ter para com a natureza.
A Matriz de São Lourenço, construída na primeira metade do século XX é linda.

Um prédio de arquitetura que foge ao comum. Muito bonito!

Um chafariz sempre chama a atenção!

Um pé de jaboticabas florido é um espetáculo da natureza. Este foi fotografado no pátio do Hotel Metrópole. 

Por falar em Hotel Metrópole, eis uma excelente indicação para quem desejar passar um período na cidade. Localizado próximo ao Parque das Águas, suas instalações e o tratamento dispensado pelos funcionários fazem com que se lamente o momento da partida.
Visite São Lourenço. Vale a pena!
Clique nas fotos para vê-las ampliadas!
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